Érase que se era que me hallaba yo en un bar musical, disfrutando del ron con redbull y de la grata compañía, cuando una de los presentes, en un acto de traición, saca una cámara de fotos digital del bolso. A partir de ese momento pude asistir a una sesión de fotos que ríete tú de los Dulce y Gabardina.
Que si foto por aquí, foto por allá, ahora le fotografío a traición, ahora el escote, ahora desde arriba, ahora desde abajo, ahora haciendo el tonto, ahora poniendo cara seria, ahora con la copa, ahora sin la copa, con los de la mesa de al lado, solas, todos, pillándo a traición... En fin, en unos 30 minutos unas 15 fotos. Lo cual nos dá una media que no está mal.
Y claro, ésto, a mí, y bajo los efectos del ron, me hace pensar en cómo ha evolucionado la cosa. Pienso en aquellas fotos de mis bisabuelos. Me imagino el tema de las fotos en blanco y negro "Arsenio, vamos a la ciudad a hacernos una foto de la familia" y ese día se ponían el traje de los domingos (cuando eso aun quería decir algo) y bajaban con una sonrias. "Atención señoritas fijense en el pajarito!" Y FLASH! fogonazo de yeso.
Suerte que un día se dejó de tener que andar por ahí llevando el yeso a las fiestas a cuestas y, muy a pesar de Niepce, se iba con las de carrete y unas 24 fotos. Entonces a uno le daba realmente rabia el malgastar una foto. Eran 24 momentos de inmortalidad. Y los guardabas como oro en paño. Especialmente cuando solo quedaban 4 o 5.
Y bueno, ahora disponemos de diez mil fotos (o bueno, quizás solo 1.500) lo que hace que no nos importe hacer 10 intentos. La verdad es que no es intención de ponerme en plan Abuelo Cebolleta, pero claro... es lo que hay, aunque a mi también me gusta hacer cienmil fotos de la noche, pilllar a traición a la gente, mientras bebe y ria, mientras está bailando y sobre todo, hacerme una magistral (y ya clásica) foto con la lengua fuera
Así que ya sabes. Tírame una afoto
Etiquetas: trocitos