Sí, lo reconozco, sí soy un poco animal.
El otro día me dijeron que soy un poco pájaro, pero bueno, a veces me cuesta ser tan constante como esas hormiguitas y trabajador como ellas. Soy un poco burro de vez en cuando, y me empecino como una mula, y no hay quien me saque de mis trece. Pero es así.
Y también estoy dispuesto a aceptar que tras 12 horas de sueño mi leonera huele a tigre, y hay que dejar las ventanas abiertas de par en par un buen rato, para que se vaya el olorcillo. Debe ser que sudo como un cerdito y debiera ducharme más de una vez al día. No soy alérgico al agua, como los gatos, pero soy tan anárquico como ellos, no me gustan las órdenes y sí la independencia, y no me caen bien los perros. Pero bueno, a veces me siento un poco como ellos, pero solo por lo de la lealtad, no por nada más. Bueno, y mi madre dice que tengo a veces malas pulgas, y que a veces soy malo como las serpientes. Pero le gusta que sea original como el ornitorrinco.
Hay quien dice que soy un poco mono, y que le gusta como toco la guitarra, pero yo insisto en que eso puede hacerlo hasta un chimpancé amaestrado. Aunque también hay que estar un poco cabra. Y no es necesario estar ciego como un topo, como me pasa a mí. Pero es bueno tener memoria de elefante, eso sí que lo tengo. Y si no fuera por la herencia paterna, también tendría sus orejas. A veces, hasta me divierto haciéndome pasar por trucha.
Lo que tengo claro es que aunque me cuesta dormir como las marmotas, y nunca he tenido complejo de osezno. Ahora mismo me gusta ser esa especie de águila que vuela allá arriba, y sueño con que me crezcan las alas y salir volando, mar adentro, como los albatros. Nunca me convertiré en un tiburón, pero desde luego, tampoco seré un salmonete.
Sí, un poco animal sí soy.
(Ah, y esto son unas estupendas entradas para los Rolling Stones!!)
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