Los fantasmas no existen
- losfantasmasnoexistenlosfantasmasnoexisten
losfantasmasnoexistenlosfantasmasnoexisten... - me repetí
con los ojos entrecerrados mientras te veia atravesar la puerta y sentarte en mi cama
- Quieres callarte ya? - me dijiste - Mira que puedes llegar a ser pesado ¿sabes quién soy?
- La verdad es que no, tu cara no me suena
- Ya, eso es porque no conoces mi cara
- Vaya, ¿y cómo quieres que sepa quién eres?
- Ahora lo verás - y se puso a llorar.
Lloraba silenciosa, sin sollozos, ni sorbidas de mocos. Solo se estremecía. Y me vi tentado de ponerle una mano en el hombro y de decirle que ya estaba bien, que no llorase más. Y entonces me acordé.
Era mi primer año de universidad. debían ser los primeros días de clase, de esos que no conoces a nadie y vas conociendo a todos, por paradójico que suene. Había quedado en el bar y bajaba por las escaleras, al lado de la tienda de libros. Había una chica llorando en el último escalón, hecha un bulto. Sabía que estaba llorando por como se estremecía. No por el ruido. En aquel momento me quedé parado. Congelado. No sabía qué hacer. Una parte de mí me decía que solo bastaba con poner la mano en su hombro y preguntarle si estaba bien, si podía hacer algo por ella. Otra parte me decía que no me metiese en asuntos ajenos, que siguiese mi camino, y ella seguiría el suyo. Al final venció la prudencia y pasé a su lado intentando no molestarla, y con miedo de mirarla. Y yo seguí mi camino, y ella el suyo.
Me he pasado la noche consolando al fantasma de las navidades pasadas.
losfantasmasnoexistenlosfantasmasnoexisten... - me repetí
con los ojos entrecerrados mientras te veia atravesar la puerta y sentarte en mi cama
- Quieres callarte ya? - me dijiste - Mira que puedes llegar a ser pesado ¿sabes quién soy?
- La verdad es que no, tu cara no me suena
- Ya, eso es porque no conoces mi cara
- Vaya, ¿y cómo quieres que sepa quién eres?
- Ahora lo verás - y se puso a llorar.
Lloraba silenciosa, sin sollozos, ni sorbidas de mocos. Solo se estremecía. Y me vi tentado de ponerle una mano en el hombro y de decirle que ya estaba bien, que no llorase más. Y entonces me acordé.
Era mi primer año de universidad. debían ser los primeros días de clase, de esos que no conoces a nadie y vas conociendo a todos, por paradójico que suene. Había quedado en el bar y bajaba por las escaleras, al lado de la tienda de libros. Había una chica llorando en el último escalón, hecha un bulto. Sabía que estaba llorando por como se estremecía. No por el ruido. En aquel momento me quedé parado. Congelado. No sabía qué hacer. Una parte de mí me decía que solo bastaba con poner la mano en su hombro y preguntarle si estaba bien, si podía hacer algo por ella. Otra parte me decía que no me metiese en asuntos ajenos, que siguiese mi camino, y ella seguiría el suyo. Al final venció la prudencia y pasé a su lado intentando no molestarla, y con miedo de mirarla. Y yo seguí mi camino, y ella el suyo.
Me he pasado la noche consolando al fantasma de las navidades pasadas.
Etiquetas: sueños

